El arte de gestionar

Ray Dalio, en su libro Principios, describe una serie de preceptos con los que creó y desarrolló su empresa Bridgewater, una de las empresas de gestión de inversión más grandes y exitosas de Estados Unidos. Dentro de todos los conceptos que comparte, existe uno que tiene una relevancia angular y es el concepto de la gestión, como una actividad clave.

Lo primero que recomienda es gestionar como si de una maquinaria se tratase, como la alegoría de una maquinaria que funciona a la perfección para entregar un resultado. Esta es la visión de empresa que debemos tener para entender este concepto.

En este orden de ideas, para gestionar una máquina, primero debemos crear la maquinaria y luego aprender a gestionarla o, dicho en otras palabras, a conducirla y mantenerla.

El primer concepto que debemos tener en mente es que un excelente mánager es, en el fondo, un ingeniero de organizaciones. Antes de cualquier opinión, permíteme esclarecer esta idea. Se utiliza el término ingeniero porque esta actividad supone pensar en términos de procesos conectados y optimizados para crear un resultado, teniendo en cuenta una relación causa-efecto.

Crear una empresa como una maquinaria, supone diseñar un diagrama de flujo que muestre, paso por paso, cómo se alcanzará un resultado específico. Este resultado del que hablo es la finalidad misma de la empresa. Y cada resultado debe estar respaldado por un proceso y, cada proceso, por una serie de componentes.

¿Y qué supone gestionar una empresa como si se tratase de una máquina? Bien, dentro de las principales tareas está concentrase en revisar y mejorar constantemente la máquina, para garantizar que el resultado sea el que se espera.

Una vez creados los procesos contemplados en tu maquinaria y que conoces a la perfección ahora sigue gestionarla, es decir, enseñarle a tu equipo cómo operar dicha maquinaria, a mantenerla y perfeccionarla. Como si de un instructivo se tratase, todos en tu equipo deben tener la claridad de todos los procesos, los principios que los rigen, las reglas que existen y cómo cada uno es responsable de cada tramo en el proceso.

Sin ánimos de que esta idea se relacione con “cosificar” a las personas, esta analogía de la maquinaria se aplica a los procesos y a los resultados. Y supone todo lo contrario a “cosificar”; un proceso diseñado con excelencia, podría aprovechar aún más el talento humano y apuntaría a una radical transparencia sobre cuál es la responsabilidad de cada uno y el resultado que se espera. Sería tonto esperar que la maquinaria de un reloj nos indique algo diferente a una unidad de tiempo.

Y surge aquí una pregunta obvia, por qué en título emplee la palabra arte cuando el término maquinaria hace alusión a algo estrictamente objetivo. Bien, resulta ser un arte porque implica guiar y trabajar con personas, con las personas de nuestro equipo. Y aquí apuntamos a tratar a cada uno de la forma adecuada y no bajo esquemas estrictos y despersonalizados. Así que resulta ser todo un arte, diseñar y entender una maquinaria y permitir que las personas sean componentes clave.

¿Entonces qué supone el arte de gestionar? Supone entender cómo delegar, distinguir entre objetivos y tareas, en crear una cultura organizacional, en crear una red colaborativa de responsabilidades, en crear indicadores y en crear mecanismos efectivos de comunicación. Todo esto involucra la gestión, pero hacerla sobre la visión de una maquinaria, facilita en gran medida la labor.

Por Edwin Garcilazo edwingarcilazo@gmail.com

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