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La Educación del siglo XXI

“Para muchos de nosotros el problema no es que apuntemos muy alto y fallemos, es lo contrario, apuntamos muy bajo y tenemos éxito” -Sir Ken…

“Para muchos de nosotros el problema no es que apuntemos muy alto y fallemos, es lo contrario, apuntamos muy bajo y tenemos éxito” -Sir Ken Robinson

Para la mayoría de las personas no es nada común cuestionarse sobre el sistema educativo y qué hay detrás de él. Muchos crecimos confiando ciegamente que la educación que se nos estaba dando era la mejor a la que podíamos tener acceso y que el material que aprendimos eran las herramientas que nos iban a servir en el futuro para poder unirnos a una sociedad productiva.

La simple pregunta de ¿cuál es el propósito de la educación? es de hecho, bastante difícil de responder. Si buscamos en internet vamos a encontrar muchas respuestas y puntos de vista diferentes. Una de las más comunes y con más sentido es que la educación tiene el propósito de preparar a los alumnos para satisfacer las necesidades del ámbito laboral.

Sin profundizar mucho, esta respuesta podría parecer bastante acertada y como una buena guía para diseñar el sistema educativo alrededor de ella. Sin embargo, ¿qué pasa cuando educamos a los alumnos para seguir órdenes y les damos las habilidades básicas para un trabajo decente pero no les damos motivación?

De acuerdo a un estudio de la empresa estadounidense, Gallop, el porcentaje de la fuerza laboral que se encuentra sin compromiso directo con su trabajo es cerca del 60%, más de la mitad. Una parte del resto se podría considerar que se encuentra con un compromiso estándar y solamente al rededor del 20% se considera altamente comprometida. ¿Qué implica esto? Que solo el 20% de la fuerza laboral es la responsable de buscar innovar y se enfoca en un crecimiento eficiente de su experiencia y desarrollo continuo, sin pensar en que también son los responsables de resolver o mitigar problemas generados por los empleados que no se encuentran comprometidos.

El déficit de potencial aprovechado es un tema muy importante para el crecimiento del país y la falta de actualización del sistema educativo tradicional no ayuda a resolver este problema.

Esta falta de compromiso empieza para muchos desde la escuela debido al sistema tradicional “unitalla” donde lo último para lo que está preparado es para aceptar y promover la diversidad de inteligencias que ahora conocemos, como la kinestésica corporal, espacial, inter e intrapersonal, etc. Al haber sido diseñado con la mentalidad de la revolución industrial, el sistema tradicional con algo más cercano a robots en una línea de producción para seguir órdenes y un camino pre-determinado  de ir a la escuela, escoger una carrera, encontrar un trabajo, comprar una casa, formar una familia, etc. y si tus habilidades, valores o aspiraciones no se alinean con estas expectativas en específico, lo más probable es que tu desarrollo se convierta en un reto para encajar o ser considerado un soñador o un caso perdido.

Y lo peor, aún para los alumnos que logran adaptarse al sistema, ¿quién le gana a los humanos a comportarse como robots? Exacto, los mismos robots. Un robot no se cansa, pueden realizar actividades repetitivas mucho más rápido y con menos errores que un humano, sus habilidades computacionales ya sobrepasaron desde hace tiempo a los mejores matemáticos y los robots jamás se van a quejar por trabajar horas extra o van a pedir vacaciones.

Los avances tecnológicos importantes de las últimas décadas se han vuelto cada vez más cercanos en sus intervalos y desgraciadamente a la sociedad y la educación les cuesta trabajo seguirles el paso causando la preparación de alumnos para trabajos que, o ya son obsoletos para cuando terminan sus carreras, o lo serán en 5, máximo 10 años gracias a la automatización y la inteligencia artificial.

Otros desarrollos tecnológicos como la realidad virtual y aumentada también van a presentar enormes implicaciones ambas físicas como psicológicas para la sociedad. Con el internet y el acceso a más información que jamás habíamos tenido, podemos empezar a ver ya las consecuencias de la exposición poco planeada a la tecnología. Solo la magnitud de información accesible se ha vuelto abrumadora para muchas personas y cada vez requiere de mucha más atención y conciencia para no ser susceptible a noticias falsas o contenido poco confiable que en el mejor de los casos es fácil usar para vendernos cosas y aprovecharse de nuestra naturaleza pero también puede convertirse a una herramienta de manipulación masiva, especialmente para la gente con menos acceso a educación a para las mentes más jóvenes que aún están en proceso de definirse como individuos.

Definitivamente las habilidades académicas como las matemáticas, la ciencia y la ingeniería son importantes, hasta cierto punto esenciales y deben formar parte del desarrollo educativo. Pero para el futuro cercano son necesarias pero no suficientes para los retos que nos esperan en los siguientes años.

Sabiendo esto, nos toca re-evaluar el propósito de la educación y re-evaluar las habilidades que estamos buscando desarrollar en los salones de clase. Entonces, sí es necesario aprender geografía, historia, física, ortografía, etc. pero deberíamos buscar también darle el mismo valor al pensamiento crítico, la creatividad, la inteligencia emocional y al auto-conocimiento. Todas estas y otras consideradas habilidades del siglo XXI.

Daniel Hernández: contact@rebel-teaching.com

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